El bosque estaba en silencio. El sol apenas se filtraba entre los árboles altos. El caminante avanzaba con cuidado, sabiendo que el tiempo en el bosque era diferente. El sonido de los pájaros se mezclaba con el crujido de las hojas secas. El río cercano murmuraba una canción antigua, como si el mismo bosque hablara a quienes sabían escuchar.

Cada paso que daba lo acercaba más al claro donde, según las leyendas, el espíritu del bosque se manifestaba. El aire se volvía más fresco, y el caminante sintió que el mundo que conocía se desvanecía lentamente. El pasado, el presente y el futuro se mezclaban en un solo instante. El misterio se hacía más denso. El silencio, más profundo.

Y entonces, lo vio. En medio del claro, rodeado por la luz dorada del atardecer, estaba **el espíritu del bosque**.
